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La Coctelera

Escritos noveles

Rincón de encuentro para los amantes de la literatura

26 Julio 2006

Los cajones del escritor

Cada ser humano tiene sus manías. Unas están mejor vistas por los demás, otras están peor vistas… pero la que nunca se conoce si no convives con un escritor en plena época de actividad literaria, es la de ver como llena incesantemente los cajones de su escritorio de manuscritos. Esta manera de actuar se debe a la sensata consideración de que sus obras, tras ser laboriosamente paridas, deben reposar un tiempo en ese lugar, antes de que sus manos las retomen para esculpirlas como fieles artesanos. Cuando llega el momento, en el que el escritor debe darle forma una a una a sus palabras para darle un sentido a su creación, a veces paralelamente también a su vida; recuperando a menudo la ilusión de la primera vez, cuando la historia sólo formaban parte de una vaga idea enmarañada en su mente. En esa fase de esculpir el material en bruto, hasta que la obra tenga un esplendor mínimo para que el escritor acepte el reto de que el mundo la lea, a veces transcurre demasiado tiempo, ya no días o meses, sino incluso años. Hay incluso escritores (consagrados y noveles) que no terminan nunca el proceso de corrección o en el peor de los casos, hay quienes se extralimitan tanto en este decisivo proceso, que la maravillosa obra les desaparece entre las manos como arena del desierto. Pero casi peor que no terminar nunca la corrección de un manuscrito, es el no decidirse nunca a dar a conocer sus escritos; craso error de un artista quizás demasiado ambicioso o quizás demasiado necio para darse cuenta de que la última palabra la tiene el lector y no él, y, que si no permite que alguien vea su obra, nunca sabrá la respuesta que los lectores le hubiesen dado y podría considerar que ha perdido un precioso tiempo de su vida.
En mi opinión, todo escritor,independientemente de que sea novel o consagrado, debe tener un grupo de lectores de confianza en que delegar la comprometida tarea de la lectura crítica y comprensiva de sus obras (familia, amigos, etc…) con la única condición de que sean siempre sinceros con él y con el material que leen, porque lo malo siempre se puede mejorar y lo bueno convertirse en maravilloso, ya que, si no hay lector tampoco hay escritor, por lo tanto, ambos deben concederse oportunidades el uno al otro para que el panorama literario siga existiendo paralelamente a la propia vida real.

El escritor debe aspirar a vaciar los cajones de su escritorio para que otras nuevas historias puedan ocuparlos durante un tiempo prudencial, nunca deben enterrarse para siempre los folios llenos de palabras que podrían hacer soñar a los lectores, sino que debe contribuirse a que la cultura siga respirando por el pulmón literario y por tanto siga siendo un ser vivo del que todos disfrutamos alguna vez en nuestra vida.

Un llamamiento que me gustaría lanzar a los familiares de autores que desgraciadamente ya han fallecido, les animo a que miren en esos cajones en los que todavía no ha entrado la luz y que rescaten lo que éste dejó en ellos, porque los hijos póstumos también tienen derecho a la vida así como a la libertad, por ello, libérenlos de su encierro y hagan felices con las últimas palabras de su creador a los lectores que siempre estuvieron a su lado incondicionalmente, así como a los nuevos que llegan cuando el progenitor de la historia ya no está.

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Sobre mí

Me llamo Elimaida Vargas Paz. Nací en Santa Cruz de la Palma el 5 de Marzo de 1982 pero con seis años me trasladé con mi familia a la isla de Lanzarote, lugar que me vio crecer como ser humano y como artista. Mis primeras experiencias con la literatura fueron las redacciones que nos marcaban en clase de lengua y fueron la facilidad con la que me fluían las ideas y el gusanillo que sentía por la lectura desde muy pequeña, los acontecimientos que me impulsaron a escribir mis primeras obras. Primero me cautivó la poesía porque los versos resonaban en mis oídos como la música y le canté sobretodo al amor (en todas sus facetas), es un género que jamás he abandonado porque me permite transformar la realidad según los colores que tenga en esos momentos mi alma. En la adolescencia comencé a escribir cuentos en los que daba vida a criaturas fantásticas y poco a poco comencé a interesarme por el género novela. A los 17 años me atreví a escribir mis primeros relatos, motivada por el primer taller de creación literaria en el que participé cuando estaba aún en el instituto. Con dieciocho años escribí mi primera novela y con diecinueve, sentí una gran inspiración que me hizo dar a luz a mi segunda novela que ha sido recientemente publicada por la Sociedad de Nuevos Autores, Sola bajo las estrellas, la vivencia de una niña que salió adelante por sus propios medios. Una historia basada en un hecho real, que fue dado a conocer por su protagonista en el medio televisivo cuando yo era apenas una adolescente. Una vida impactante que mi mente rescató para convertirla en novela casi una década después. Más tarde, con 21 años, comencé a estudiar en diferentes talleres literarios, a fin de pulirme como autora, modelando mis escritos según las directrices generales de la literatura. Comencé estudiando literatura creativa a distancia, en Talleres de escritura creativa Fuentetaja, donde estuve un año aprendiendo los componentes esenciales para lograr un buen relato. Al mismo tiempo, estudiaba de forma intensiva corrección profesional y más tarde lectura profesional en los talleres virtuales de Escritores.org y por último hice un curso -también virtual- de novela, en Escuela de escritores, donde a final de curso publiqué un relato llamado El mundo de Rosa en el libro conjunto que editó la escuela titulado Tusitala (el narrador), en el que participamos casi todos los compañeros. Más tarde participé en el VI concurso Acumán de relatos hiperbreves (con fines solidarios) de publicaciones Acumán, con un microrrelato llamado La revancha, el cual ha sido recientemente publicado en el libro de microrrelatos llamado ¡Cuánto Cuento! (publicaciones Acumán) y que todavía se encuentra pendiente del fallo del jurado del citado certamen que será a mediados del 2006. Así que gracias a mi memoria, a mi imaginación, al empuje que me caracteriza y a mucha gente que me apoyó desde el principio sin apenas conocerme, que resurgió la chispa aventurera que me permitió introducirme en el apasionante mundo de la edición. Mi ilusión es que Sola bajo las estrellas enseñe a muchos seres humanos que los niños no son juguetes sino seres reales llenos de vida, ilusiones y sueños dignos de ser realizados, dentro de un núcleo familiar y un ambiente social propicios.

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