La idea exacta en el momento justo.
No hay nada más erróneo, por no decir absurdo, que programar la afluencia de ideas cuando se es escritor. Tampoco es algo que puedan controlar el resto de los seres humanos; ya que las ideas son como caballos desbocados que corren por el bosque buscando la placentera libertad. Somos nosotros, los artistas de cualquier modalidad, los que tratamos de echarle el lazo en el momento exacto, acto que raramente funciona porque el pensamiento es un dios caprichoso y las ideas sus hijas consentidas, que se presentan como, cuando y donde quieren, y lo peor es que no avisan jamás de su llegada, lo que provoca en el caso de la escritura más de un ataque de nervios o ansiedad; porque el escritor que a menudo no tiene encima sus materiales más preciados para alumbrar nuevas obras -el bolígrafo o el lápiz y el papel, en el caso de los más clásicos, o el ordenador en el caso de los más contemporáneos- sufre como si en la pérdida de esas ideas se le fuese parte de su vida y lo peor de todo es que se tratan de instantes que no regresan nunca como aparecieron la primera vez, como gotas de lluvia, únicas e irrepetibles.
Por evitar todo esto, lo mejor, para sobrevivir sin sobresaltos a la “posesión artística” y al trance que ella conlleva, recomiendo a todos los autores noveles, que lleven encima siempre materiales donde inmortalizar las ideas que les caen en la mente para atraparlas en la telaraña del papel, donde corren menos riesgos de escaparse. Un bolígrafo o un lápiz y un pequeño cuaderno o unas pequeñas hojas serían suficientes para esbozar lo que posteriormente podría ser una gran obra. De esta manera se evitaría con mayor eficacia que el vendaval literario se vaya como vino a nosotros y nos deje igual de vacíos que cuando no había hecho siquiera mención de presentarse.

Zwheccge dijo
Gracias por tus consejos. Aunque no a todo el mundo se nos hace tarea fácil poder plasmar las ideas y optamos por aplastarlas contra el papel o la pantalla del ordenador.
Te visitaré.
7 Julio 2006 | 03:34 PM